El Eje

“No se puede vivir sin asentarse sobre tierra firme, sin sentir un espacio que no sólo es externo sino también interno: un espacio mental”. Siri Hustvedt

Voy a llamar el Eje a la base de identidad que nos sostiene a cada una de las personas.

Un espacio-momento que te representa, una base que te sustenta, que te estructura como persona, un lugar simbólico al que volver cuando te vas.

El eje está formado por todas aquellas cosas, experiencias, actividades, gustos, encuentros… que sientes que te definen, con los que te identificas: un hogar interno.

Cada eje es diferente, personal e intransferible.

Las máscaras

Desde la infancia aprendemos a interpretar roles y papeles para adecuarnos a la cultura en la que vivimos. Adoptamos estas máscaras de una forma tan automática que puede ser perjudicial, sobre todo porque a veces se mezclan tanto con nuestra identidad que se confunden en una amalgama que nos dificulta distinguir la propia esencia.

Este tipo de funcionamiento es el piloto automático que explicaré en detalle en otro artículo. En resumen, podría decirse que actuamos sin ser conscientes. Nos adaptamos al entorno y a la sociedad que nos rodea normalizando hábitos y convenciones sin cuestionarlos.

Ajustamos nuestra maquinaria y nuestro psiquismo a lo que consideramos que «hay que hacer». Miramos hacia fuera, modelando ideales y sufriendo para ajustarnos a ellos.

En esta falta de consciencia, no solo dejamos de escuchar nuestras necesidades, además las disfrazamos para que encajen, produciendo a la larga una honda insatisfacción sin entender de dónde viene.

El deseo de ser diferente de lo que eres es la mayor tragedia con que el destino puede castigar a una persona. Sándor Márai

El eje es la autoconciencia

El eje es un cambio de perspectiva. El eje es una mirada de afuera hacia dentro. En lugar de adaptarte a lo que te rodea, es un planteamiento donde te cuestionas si lo que te rodea se adapta a ti. Es ser consciente de quién eres, de cómo eres, de qué necesitas, qué deseas, qué sientes.

El eje es la autoconciencia.

Siendo tú protagonista de tu vida, el eje principal de tu existencia. Sin un público ante quien demostrar o justificar tu identidad. En vez de moverte por expectativas ajenas puestas en ti, sencillamente eres.

El eje es tu esencia auténtica y natural. Es una estabilidad interna, que al ser propia no está amenazada por elementos externos.

Hay señales que nos indican cuando estamos perdiendo el eje, normalmente son los síntomas.

El eje no es estático, evoluciona a lo largo de nuestra vida, es flexible y modulable.

Existen ejes variados, múltiples, diversos, cambiantes, originales, compartidos, descubiertos, explorables, complejos, simples, mezclados, a veces socialmente inaceptados, pero siempre son únicos porque son personales.

Nadie te va a decir cual es tu eje. Tu eje está dentro de ti.

En este vídeo hay ejemplos que componen un eje, no tienen que coincidir con los tuyos, al revés, tu eje puede ser radicalmente opuesto. Se puede cambiar de eje, por supuesto. Estás en constante evolución.

 

¿Cómo distingo mi eje?

Para descubrir tu eje, escúchate.

Escucha a tu cuerpo, escucha tus sensaciones. Te sientes tú mismo-a cuando te identificas con algo, sin máscaras, cuando sientes coherencia, cuando sientes de forma genuina en ese instante. Sobre la Autoescucha sugeriré ideas en otro artículo.

Con la autoescucha te recargas, vuelves a tu yo profundo del ser. El efecto no tiene que ser inmediato, a veces tardamos en aprender a escucharnos.

Para establecer, delimitar y legitimar tu eje es imprescindible la aceptación. Confianza y Aceptación.

Es decir, aceptar sin juicio ni censura quién eres, lo que te gusta, lo que necesitas. Con autenticidad.

Esto es realmente difícil, porque solemos batallar con «lo que nos gustaría que fuera»: lo que nos gustaría ser, lo que nos gustaría que fueran las situaciones o lo que nos gustaría que fueran los demás. Aquí hay un trabajo sustancial que hacer, que es des-idealizar para aceptar sin perder la luz del faro de la motivación y del movimiento.

Cuando acepto más mi eje, también tiendo a aceptar los ejes de los demás sin vivirlos invasivos, aceptando las diferencias.

La terapia es un espacio especial donde se dan las condiciones para propiciar la autoescucha, para retirar capas contaminantes, máscaras y obstáculos y extraer de forma natural la esencia de la persona.

(*dedicado al gato Parnaso, parte de mi eje.)

Te propongo este ejercicio

 

Escribe, dibuja o reúne

.… cosas, momentos, actividades, detalles, objetos, ideas, deseos, necesidades, tiempos, proyectos, actividades, recuerdos, elementos … que consideres te identifican.

¡Lluvia de ideas libre!

¡Sin censura!

¡Abre la compuerta!

2 pensamientos en “El Eje

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